martes, 11 de diciembre de 2007

EN NAVIDAD: ¿ CREER O NO CREER ?



Al nacer, no sólo amamanté la leche materna. También mi madre se preocupó mucho e intensamente por alimentarme con un sentimiento que me ha acompañado, tercamente, durante toda la vida: la fe cristiana. Primero, asumida como dogma absoluto; Dios -y el demonio- existen; los pecadores se irán indefectiblemente al infierno y los hombres buenos alcanzarán la resurección y la vida eterna. Luego, ya convertida en una creencia racional -y necesaria- para afrontar los momentos de tristeza y dolor que la vida me ha sabido regalar. Pero, esa religión cristiana, específicamente católica, la misma que me fue inculcada con fuego y amor, ha sido puesta inevitablemente sobre el tapete de la duda en muchas circunstancias de esta, ya larga, existencia mía.
Me declaro, primeramente, incapaz de entender o explicar el misterio de nuestro origen. No puedo creer las fábulas de Adán y Eva y el paraíso terrenal, por ser una bella ingenuidad histórica (la Biblia es la obra maestra de la metáfora), pero rechazo también, por insuficientes y oportunistas, las teorías evolucionistas, por muy "científicas" que puedan parecer. Creo, claro, en el Big Bang y en nuestra patria perdida: el espacio infinito.
Creo absolutamente en ese maravilloso ser humano que se llamó Cristo. Estoy seguro que los testimonios escritos por los apóstoles sobre sus poderes milagrosos son algo cierto (¿no es una pena que el mismo Cristo no haya querido dejarnos nada escrito?). De lo que no podría estar seguro de creer es que, luego de ser ejecutado y sepultado (lo que conlleva inevitablemente la desintegración y putrefacción de cualquier organismo sin vida), al 'tercer día', como dicen las Escrituras, Cristo se haya reencarnado en su mismo cuerpo. Pero sí acepto -y no es contradictorio- que sus apóstoles "lo vieron", después de muerto. Ellos lo querían ver y sintieron la presencia de algo que no había muerto: la mente-conciencia-alma, o como se le desee llamar, de ese ser extraordinario. Y es que si la misma materia de un ser que muere no desaparece, pues, simplemente se reintegra a la naturaleza, ¿por qué pensar que solamente por ser algo intangible la "personalidad" desaparece con la muerte del cuerpo? "Es lógicamente creíble -dice Toynbee al respecto- que esa personalidad se reintegre a un modo de existencia hipotético, desligado de la materia, vivo y consciente." Cristo, pues, murió pero siguió viviendo. El milagro debió consistir en que, algunos, lo pudieron ver reencarnado...
No es, sin embargo, de la muerte de Cristo de lo que queríamos hablar hoy, sino más bien de su nacimiento y de los muchos mitos y objeciones que existen al respecto de lo que se conoce universalmente con el nombre de Navidad. Se sabe que es poco probable que Cristo haya nacido en el mes de diciembre (según el calendario gregoriano), pues cuenta Lucas que los pastores que acudieron al pesebre de Belén tenían a sus animales con ellos, bajo un cielo estrellado y ello no hubiera podido ser en diciembre pues en esa época el duro invierno lo hubiera impedido; más bien todos los indicios señalan a abril o mayo como los probables meses de ese nacimiento. ¿Por qué, entonces, la Iglesia convino en ir acomodando la fecha del divino natalicio hacia fines de diciembre? Son varias las posibles respuestas. Todas, de origen pagano. Una de ellas se refiere a la fiesta anual romana del 25 de diciembre celebrando el "Nacimiento del Sol", es decir del Dios Apolo. También a fines de diciembre, en Roma, se celebraba la paganísima "Saturnalia", en honor a Saturno; en estas fiestas se imponía la costumbre de intercambiar regalos de todo tipo, incluyendo soltar esclavos, etc Así mismo, en la antigua Germania y Escandinavia, cada 26 de diciembre, se adoraba al Dios del Sol y uno de los actos tradicionales era adornar devotamente un gran arbol. Políticamente, la Iglesia católica impuso la fecha y celebración del nacimiento del nuevo Dios, a fines de diciembre para metamorfosear esas costumbres paganas incluyendo, increíblemente, los detallitos de los regalos y el arbolito. Todo esto a pesar que, como hasta donde se sabe, en la Biblia no existe mención a la fecha del nacimiento de Cristo ni, mucho menos, se ordena que haya alguna celebración.
La política de los viejos (¿y sabios?) estrategas católicos se impuso históricamente y hoy, como sabemos, la navidad se celebra en todas las comunidades cristianas, casi sin excepción. Pero esta celebración que, en todo caso, debería ser, por su propia esencia, una celebración profundamente religiosa, es decir dedicada exclusivamente a la oración y meditación, se ha convertido en una fastuosa fiesta pagana de derroche y consumismo. En una vergonzosa vuelta a los orígenes, la sensualidad más vulgar se impone y asi, por ejemplo, millones de inocentes animales -pavos, cerdos, corderos o lo que sea- son alegremente acuchillados para satisfacer la orgía gúlica de la "noche buena", sin recordar, siquiera, que fueron los humildes animalitos pastoriles los únicos que acompañaron al pequeño Cristo naciente en ese precario -pero seguramente bello- pesebre del desierto. Estas objeciones al manejo de los misterios católicos, sumadas a las sinuosidades históricas de la jerarquía eclesiástica romana han sido decisivas para que notorias inteligencias de la historia de la humanidad hayan rechazado la fe en la Iglesia. Recuerdo a mis admirados Nietzsche, Schopenhauer y a los más cercanos Paz o Borges... Sin embargo, pese a todo y aunque terrible (para los que no tienen nada) ¡cuán bella y profunda suena siempre esta sencilla frase : "Feliz Navidad"! Es un momento de incomparable sinceridad abrazar a un ser querido y decirle, simplemente, Feliz navidad. Por ello, en estos dias de diciembre, al siempre presente dilema de creer o no creer, sólo se me ocurre una respuesta: Hay que querer creer para creer. Eso basta.
Así que a todos ellos, mis ateos escritores queridos, se encuentren donde se encuentren, les envio desde aquí un devoto saludo navideño. (Disculpen ustedes).

Y, desde luego, a los destinatarios de estas notas, mis virtuales nietos: ¡FELIZ NAVIDAD!

DIC. 07.


martes, 4 de diciembre de 2007

SUFRE PERUANO, SUFRE. (letra y música de Tongo)





Hubo una vez, hacia finales del siglo XX, un presidente del Perú que había prometido 'un gobierno para todos'. Con semejante promesa milagrosa las gentes lo habían elegido con más del 50 por ciento de los votos válidos y en los primeros meses de su romántico gobierno todo era esperanzas e ilusiones: Alan era joven, Alan era alto, Alan hablaba muy bien, Alan, Alan.
Pero, luego se empezó a sospechar -y la gente lo sentía- que no todo iba a ser felicidad: el futuro prometido no era diferente al pasado que nadie quería recordar. Algo había sucedido: Los pobres seguían siendo pobres, los de la orgullosa clase media ya no se sentían en la clase media (¿de qué clase eran?) y hasta los mismos ricos ya no sabían si iban a seguir siendo ricos. En sólo 2 años, de 1985 a 1987, los siempre ingenuos peruanos, pasaron de vivir de la fiesta inolvidable al incendio inapagable: su moneda se devaluó tanto que tuvo que cambiarse 2 veces, el precio de las mercancías subió hasta bordear los 3 mil por ciento (hiperinflación le llamaron). En el 88 y 89 se descubrió que los pobres alimentaban a sus niños, en la barriadas limeñas, con
nicovita, el famoso insumo industrial para pollos; si faltaba la nicovita, buenas eran las cáscaras de papa o la hoja de remolacha.(¡Sufre, peruano sufre!, germinaba en Tongo). Sobre este lúgubre escenario económico se montaba, además, una tragedia griega: la guerra entre la barbarie maoista de Guzmán y la estupidez criminal de los militares.
Alan huyó en el 90. Del desprecio ciudadano y de su propio fracaso buscó refugio en la bella (y cara) París . Desde allí, como las ratas acosadas, esperaría el momento, porque sabía(toda rata es astuta) que ese momento llegaría.
De joven, al igual que su mentor Haya, había leído con devoción al maestro Gonzales Prada y se le habían grabado estas palabras:
(al pueblo) gobierne quien gobernare, nada le importa; sobrevenga lo que sobreviniere, poco se le da; todo lo sufre, todo lo acepta. El Perú, como infeliz mujer encadenada al poste de un camino real, puede sufrir los ultrajes de un bandolero, de un imbécil, de un loco y hasta de un orangután. Alan, pues, confiaba en los peruanos y en el tiempo.
Quince años después, adormecida la memoria nacional, será la 'generación nicovita' -hechura de su primer gobierno y sufriente toda del síndrome de Klinefelter*- la que decidirá que Alan, el eterno Alan será nuevamente el presidente de todos los peruanos.
¡Sufre, peruano sufre! les llora, desde entonces, el inefable y peruanísimo Tongo a los peruanos de todo el mundo y los peruanos de todo el mundo lloran oyendo a Tongo. ¿Por qué sufren los peruanos? Nadie lo sabe. Tal vez porque no quieren ser lo que son, tal vez porque no pueden cambiar para ser lo que no son, o, tal vez...

Esta asombrosa (o más bien vergonzosa) vocación del peruano por buscar y aceptar lo que le inflinge dolor, también se cumple -como si fuera ley-, paradójicamente, en un campo que le debería producir distracción y esparcimiento (porque la vida del hombre, según Schopenhauer, es un péndulo entre el sufrimiento y el entretenimiento): el espectáculo-deporte del fútbol.
Una verdadera mafia, tan astuta y eficaz como la de los políticos, se ha apoderado de los resortes económicos y administrativos de este mega negocio contemporáneo que es el fútbol: la nueva gran Iglesia universal en la que los estadios son los templos y los santos -idolatrados- los jugadores. Todo es dogma, todo es aclamación, no importa que seamos perdedores, no importa que nos engañen. Recemos, hermanos, -como borregos- "Perú al mundial" : es la promesa del Paraíso terrenal.
La verdad que el fútbol peruano resulta el caso perfecto para entender plenamente la -sabia- expresión futbolera de Borges:
El fútbol es popular porque la estupidez es popular.
¡Bienaventurado, oh Tongo, porque eres el profeta de la peruanidad!

*Hipotrofia testicular.
dic.7.


lunes, 19 de noviembre de 2007

¡VIVA EL REY!


Se sabe que a los 18 años -en un oscuro accidente-, de certero balazo, le voló la cabeza a su hermano menor, Alfonso. El arma: un revolver que, según se dijo, le fue obsequiado por Francisco Franco, el Generalísimo fascista, supremo dictador de españa. Pero sería otro obsequio, indiscutiblemente mejor y público, el que recibiría alborozado ese joven y ambicioso Borbón de parte del anciano tirano, pues 11 años después, en 1969 (ver foto), sería designado por éste, como su único heredero a la jefatura del Estado y sucesor a título de Rey de España; así, a la muerte del dictador, en 1975, no tendría ningún reparo en jurar - sobre la Biblia, claro- y ante las cortes franco-fascistas, cumplir y hacer cumplir las leyes del régimen. En el acto, hubo un ausente: su padre, el legítimo rey de España al que Franco y su fiel borbón le birlaron la corona. Así nacería para España su nuevo Rey: Don Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias. En su discurso inaugural, el flamante monarca homenajearía así al difunto Generalísimo: "... con respeto y gratitud quiero recordar su figura, una figura excepcional que entra en la Historia"
Nunca imaginaría Franco que, muchos años después, en tierras americanas, Don Juan Carlos de Borbón, su leal heredero, el señor Rey, seguiría sirviéndolo: ante millones de ojos, en visceral y rabiosa reacción, defendería con ardor el nombre e imagen de otro digno heredero franquista, el ex-presidente Aznar.
Sí, el representante vivo del más sanguinario y genocida linaje real europeo, los borbones, autores del feroz exterminio de 10 millones de indios en nuestros andes y de muchos más en tierras aztecas y mayas*, del saqueo demencial por su soldadesca real, que -en nombre de Su Majestad y de su Dios- enviaron a la Metrópoli, según consta en el Archivo de Indias,
sólamente entre los años de 1503 y 1660, el descomunal producto del robo a nuestras tierras: ¡185 mil kilos de oro de pura ley y 16 millones de kilos de plata! De ese botín, como sabemos, a sus graciosas majestades, les tocaría -por previo acuerdo de ladrones- una quinta generosa parte. A su actual descendiente don Juan Carlos, decíamos, le tocó darse el gusto de venir por estas, sus ex-colonias americanas (a una reciente reunión de mandatarios democráticos en la que el único que nunca había sido elegido por su pueblo era él), y añorando esos 300 maravillosos años de absolutismo vesánico, le vino en gana mandar a callar a un presidente de nuestras -aún- maltratadas tierras; y lo hizo porque ¿cómo permitirle a un nativo soldadete de oscura raza notentiendo levantarle la voz, además de la negra mirada, a su representante y sobre todo a él, blanquísimo representante de la corona española, recordarle detallada y públicamente el vergonzoso latrocinio colonial y, encima, calificar de fascista a su engreido ex jefe de gobierno Aznar? Eso, el indignado borbón, no lo podía soportar. En realidad, nunca un rey de España ha aceptado ni aceptará, y , menos se disculpará por lo que hicieron sus antepasados contra nuestras naciones; los crímenes de lesa humanidad, según se les tipifica ahora, quedarán siempre en el olvido, los robos que cometieron silenciados seguirán. Todo fue un obligatorio y natural pago por la "civilización" que impuso el conquistador.
Al respecto, se recuerda que, en 1992, con motivo de la "celebración" del cuatricentenario del descubrimiento de América, un dignísimo gremio de profesionales peruanos (el Colegio de Economistas), en carta firmada por su decano, Virgilio Roel, y dirigida al embajador de España, le recordaba que para los americanos no era ningún motivo de alegría dicha "celebración"y que, en lo que se refería al saqueo de nuestras riquezas se le recordaba que España tenía una deuda real, pendiente de pago con el Perú. Le adjuntaban un detallado documento con el cálculo exacto del valor a la fecha, del tesoro producto del rescate de Atahualpa: U$. 599, 407' 539, 429, o sea, casi 600 mil millones de dólares americanos. La carta no tuvo respuesta.
Este sabroso, pero también histórico, affaire Rey de España Vs. Chávez, aún sigue llenando coloridas carillas de innúmeros escribidores; uno de ellos, un septagenario ciudadano español que alguna vez pretendió ser presidente del Peru, don Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, días atrás en el paquidérmico diario peruano El Comercio, se ha referido a este ofensivo episodio contra su Rey: "La enseñanza más obvia e inmediata de este sicodrama es que hay todavía una América Latina anacrónica, demagógica, inculta y bárbara...".
Digamos finalmente, que cada vez más vamos conociendo, dentro y fuera de España, toda la verdad acerca de ese astuto, inmisericorde y reaccionario personaje que es Juan Carlos de Borbón. Existen ya varios libros que decriben las andanzas financieras del rey y sus lazos con banqueros e industriales de todo tipo, maniobras que le han permitido amasar una cuantiosa fortuna personal que ya, en el 2003, según la revista Forbes, llegaba a los 1,700 millones de euros; bonita suma para alguien sin un trabajo conocido y que sólo es , a fin de cuentas -como bien lo acaba de calificar el senador español Iñaki Anasagasti-, el jefe de "una pandilla de vagos"(léase familia real).
Pero, como todo buen borbón , además del dinero, Juan Carlos ama la sangre, y si es ajena e inocente, mejor: su alteza adora la caza, cómo no, y no hace mucho ( el pasado 8 de octubre) viajó a Rumanía. Allí, se solazó con la matanza personal de NUEVE hermosos osos (entre ellos una osa gestante) y un lobo. La especie está protegida por la Convención de Berna del 2001 y, a pesar de las protestas y denuncias de la prensa independiente, su regia imagen quedo incólume.
Retrato concluído. ¡VIVA EL REY!

* El caso de la isla de Santo Domingo es emblemático: de una población cercana a los 4 millones de nativos en 1,496, tras 74 años de civilizada conquista, sólo sobrevivieron 125 indios.

nov.22.

lunes, 29 de octubre de 2007

NUESTRA ( RICA ) COCA.














COMO a muchos miles de peruanos, también al doctor Teobaldo Llosa, siquiatra de 66 años, la hoja de coca le ha deparado venturas y desventuras. Angustiado, años atrás, en la búsqueda de soluciones para tratar la drogadicción, practicó, inclusive, la cirugía cerebral ( con la consiguiente satanización por la ciencia tradicional), hasta que decidió, un día, irse a Quillabamba y estudiar 'in situ' los efectos de la cocaína natural contenida en la hoja de coca.
Allí, estudió la sangre de los campesinos que durante 30 o 40 años, seis dias por semana, consumían la sagrada hoja...y lo único que les encontró fueron parásitos. De ahí a la fecha, mucha agua de nuestro sucio Rimac ha corrido bajo el puente, pero los hallazgos científicos, ya irrebatibles, son estos: la hoja de coca es un extraordinario energético natural y antifatigante, que controla el apetito sin desnutrir. Contiene, además, casi 20 veces más calcio que la leche, posee el ansiado betacaroteno y otros antioxidantes (vitaminas B y E) y, también, una impresionante y envidiable colección de minerales.
El doctor Llosa, ahora todo un personaje mundial (además ciclista, poeta -cómo no- y autor de un libro:
Médicos contra pacientes) lucha por demostrar que no es verdad lo que la ignorancia popular y los grandes intereses -defendidos por la prensa- quieren hacernos creer: que la coca es sinónimo de droga y hay que combatirla. Este peruano, aquí y en EE.UU, ha curado y cura la drogadicción... con mate de coca. Hay que escucharlo bien: "La cocaína por la boca no exita,no transtorna, no crea paranoia, sino estimula como un café"; así nos lo dice y nos lo repite, con sabia paciencia. Por ello, se ha vuelto un promotor activo de la industrialización de la hoja, sea como harina, en cápsulas, en cremas anestésicas, en chocolates (ya se fabrican en Colombia), y, también, de los tallos y hojas que sirven para fabricar, y con mucho éxito, papel y cartón.
Pero -insistirán siempre los incrédulos-, ¿la cocaína no es droga? Otro ilustre galeno peruano (en realidad mitad francés y mitad cholo), el doctor Sacha Barrio -también un apasionado defensor del uso de la coca-, con gentil sencillez nos desasna: "consumida en la hoja, la cocaína se degrada con la saliva, que es alcalina, y se convierte en benzoil-ecgonina que es un energizante". Este joven, y ya famoso médico, ha logrado en China curaciones extraordinarias de casos de ezquizofrenias y agudas depresiones con un importante aporte de harina de coca, concluyéndose así que ,hoy por hoy, el mejor antidepresivo natural que existe en el mundo es ... nuestra rica coca.


¡Pensar que han tenido que pasar más de 6 mil años para que los peruanos volvamos a descubrir las bondades de esta hojita sagrada llamada coca! Ya en Caral -la civilización más antigua de América- se consumía la harina de coca, según vestigios encontrados, y en todo el incario, como sabemos, la hoja fue parte vital de su rica cultura. El Inca Garcilazo la menciona generosamente en sus Comentarios Reales y -no lo olvidemos nunca- algunos millones de indios sobrevivieron al genocidio colonial (más de 10 millones de muertos) ayudados por los efectos benéficos de la hoja. Sin embargo, en los años cincuenta, los sabios de la ONU (patio trasero de los EEUU) incluyeron a la hoja de coca en la lista de drogas nocivas, en flagrante y estúpida confusión con el clorhidrato de cocaína, dando lugar, así, a interminables y millonarias campañas para su erradicación. Cabría aquí una simple pregunta, inocente pero válida: ¿y por qué para combatir el alcoholismo nunca se intentó erradicar la cebada, materia prima del whisky o la cerveza?
Lo cierto es que todo lo hecho por los gobiernos ha fracasado y seguirá fracasando pues, teniendo a un mercado incontenible de drogadictos en los EEUU y Europa y siendo socios del grande y turbio negocio los mismos políticos y militares que lideran esas campañas, los "planes Colombia" y otros similares, son simples e hipócritas 'saludos a la bandera'. En lugar de la irreversible deforestación y la terrible contaminación química producidas por estas "erradicaciones" o la novel política de 'cultivos alternativos', lo único inteligente y patriótico, es su cultivo protegido y controlado para su industrialización total. Así, y sólo así, la riqueza de la coca se trasladará de las manos de los narcos y sus cómplices industriales y gubernamentales a las de miles de campesinos y sus familias que hoy sufren la más irracional explotación y persecución.
Esta impostergable lucha por la reinvindicación e industrialización de nuestra rica coca, bajo el lema:"Erradicación:no, industrialización:sí", ¿no debería ser una consigna de carácter històrico para las nuevas generaciones de peruanos?

Hoy, 29 de octubre, se escucha por una radio que, allá en los lejanos valles cocaleros, miles de campesinos se han levantado en protesta por las erradicaciones forzadas. Se han tomado carreteras y, seguro, habrá violencia. Pero, afortunadamente -así lo dictamina la prensa- millones de peruanos tendrán un mejor motivo de preocupación: esta tarde -en Brasil- juega la selección de fútbol, señores, y todos tenemos que estar unidos: "¡Vamos Perú, carajo!".

oct.29.




lunes, 22 de octubre de 2007

VIVE LA FIESTA . . .

37 BELLOS TOROS, COMO ESTE, MUY PRONTO,

SERÁN LLEVADOS A UNA PLAZA.

AHÍ LOS TORTURARÁN, LENTA Y EFICAZMENTE.

Y LOS MATARÁN,

ENTRE VÍTORES Y APLAUSOS

DE BACANTES Y BABEANTES.

No lo olvides: Desde el 28 de octubre en el Camal de Acho. Lima
Un espectáculo inolvidable.



sábado, 20 de octubre de 2007

DIA DE ACCION DEL BLOG

EL 15 DE OCTUBRE SE CELEBRO EL DIA MUNDIAL DEL BLOG POR LA DEFENSA DEL MEDIO AMBIENTE. ¡UNETE TU TAMBIEN!

martes, 9 de octubre de 2007

"Colabórame, pe"


EN una revista política -cuyo nombre he preferido olvidar-, escribí, tiempo atrás, un pequeño editorial bajo el título de: '500 mil gigas'. En él, tocaba el caso de los innumerables (este no es un simple adjetivo, pues, efectivamente, nadie sabe cuántos son) niños callejeros de Lima quienes, también en innumerables esquinas de la gran ciudad, nos aguardan, dia y noche, para tocarnos la luna del carro y pedirnos una monedita.

"Colabórame, pe.." es su conocida frasesita de cliché; la dicen mientras rápidamente le pasan un trapito al parabrisas o te ofrecen caramelos para justificar 'comercialmente' su ruego. Hay niños de todas las edades: de 3, 5 u 8 añitos. Dicen, algunos, que no hay que darles nada, que se acostumbran a pedir limosna o que son enviados por padres parásitos explotadores. Lunas arriba, pues.¡Que se jodan! Inclusive, en un elegante distrito capitalino -San Isidro- se han visto bonitos letreros pidiendo a los ciudadanos que no entreguen limosnas en las esquinas para, así, ahuyentar a los niños, esos de nuestro cuento: tienen razón los cultos sanisidrinos: los harapos y las caras sucias no 'le van' a ese elegante barrio de inmaculadas avenidas en donde cada palmera tiene su propio reflector eléctrico y las flores se siembran y se botan cada 3 meses.

Pero, lo que que mencionábamos nosotros en ese editorial, era que había un doble drama en esa situación de los niños de la calle. Todos ellos, seguramente por la desnutrición, el engaño de una educación paupérrima y la exclusión social en general, acabarán sus vidas entrampados en la pobreza; pero, de lo que no se suele hablar es que, con cada niño de la calle, se pierde, irremediablemente, una maravillosa oportunidad de contar con un ser dotado de un cerebro con una potencialidad hasta hace poco incalculable, pero que hoy sí la podemos medir y comparar.
En el mundo de la computación, se sabe que un bit es la más pequeña unidad de almacenamiento, por decir, una letra. El bite son 8 bits; sigue el kilo-bite que significan 1024 bites, luego el mega bite...y -finalmente-, el giga. ¿Qué es un giga? Nada menos que mil millones de bites. Vea usted su buena computadora que andará por los 6 u 8 gigas de memoria. Es una gran computadora.
Pero, sepa esto: el niño callejero, como todo niño de su edad, tiene en su cerebro 500 mil gigas. Dejo a la imaginación las comparaciones.
Simplemente, cerraré esta nota, recurriendo a un comentario que, justamente sobre este tema, hiciera -tiempo atrás- el periodista Jorge Lanata: "...en la cabeza del chico que hoy les pidió limosna en un semáforo entran 125 mil computadoras como la mía. Digo esto para que entendamos, en otros códigos, lo que se pierde cuando un chico no come. Eso es lo que se pierde".

En el Buenos Aires de Lanata o en esta inhóspita Lima, son miles (¿o millones?) los ojos que nos miran a diario -algunos atónitos, otros furiosos- pero, estoy seguro, todos maldiciendo el haber nacido en el apartheid de la pobreza; esperando una remota oportunidad. ¿La tendrán algún día?